Genial entrada de el blog
Cuentos de la vida del OsoMi Madre es zurda. Supongo que siempre lo ha sido, pero yo no lo noté hasta que tenía como doce años. Todo comenzó un día mientras comíamos. Por alguna razón que no logro entender, mamá cogió el tenedor con su mano derecha y el cuchillo con la izquierda para cortar un pedazo de carne. Aquello me alarmó: ¡Mamá! ¿Qué haces? Al verse descubierta, mi madre se ruborizó e intercambió rápidamente los cubiertos de mano.
Ella, por fortuna y gracia de Dios, estudió en un colegio de monjas donde le enseñaron muy bien que la zurda es la
siniestra, la mano del diablo, y que no debe usarse para ningún acto creativo como escribir, y mucho menos para comer, pero por desgracia sus tendencias antinaturales se le escapan y me hace pasar horribles vergüenzas.
Una vez, en un cumpleaños, fui a comer con la familia y un grupo de amigos en un restaurant. Al terminar de comer, pedimos café y ella inconscientemente agarró la taza con la izquierda. ¡Yo me quería morir! ¡Trágame, tierra! Algunos de los amigos que vieron el espectáculo hicieron comentarios por lo bajo entre ellos, procurando no ofenderme, y hubo uno que hasta me dio una palmadita de consuelo diciéndome en susurro: —No te preocupes por eso, Yván, hay mucha gente zurda y es algo natural.
En cuanto a las actividades cotidianas, muchas veces tengo que pedirle: ¡Mamá, no hagas eso con la mano izquierda en público! Pero ella se empeña en hacer cosas como dibujar, pintar y hasta cocinar con la mano izquierda. En una oportunidad llegué a la casa temprano y la encontré removiendo una olla con la zurda. Aquello me dio tanto asco que tuve que irme a comer fuera. Por supuesto que estas cosas no se las conté ni a mi padre ni a mis hermanos, no quiero hacerlos sufrir.
Le he pedido que acepte ir a un terapista funcional. Así como las personas que sufren graves lesiones cerebrales pueden aprender a hacer las mismas cosas entrenando de nuevo sus cerebros, ella podría aprender a hacer las cosas con la mano derecha y evitarnos a sus hijos y otros familiares tanta humillación.
Pero de todas estas cosas, la más humillante ha sido encontrarla por accidente en una tienda de objetos para zurdos. Salía de allí con un sacapuntas, un rayador para queso ¡y hasta un mouse para el ordenador!. Apenas la vi la cogí por el brazo y le dije con una rabia apenas contenida: ¡Que NADIE te vea con esas cosas en la calle. Si quieres ser zurda en la intimidad de tu cuarto, yo no puedo hacer nada para evitarlo, pero POR FAVOR, no nos humilles!
¡Nadie sabe cómo he llorado por la zurdera de mi madre! ¡Cuánta humillación, cuánta vergüenza he tenido que soportar! Saber que mis amigos cuchuchean a mis espaldas, e imaginarme que cualquier amiga o amigo de mi madre pueda ser otro zurdo más realmente me atormenta.
La sigo amando, claro está. Es mi madre y es la única que tengo, pero este asunto de la zurdera me puede. No sé cómo sobrellevarlo.