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A veces me pongo a pensar...

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...y no sale nunca nada bueno

El otro dia me puse a pensar, y pensé (valga la redundancia)

"Y digo yo, porque en Pokemon siempre esta tu madre, pero a tu padre no le ves nunca el pelo??"



¿A que es cierto? En tu casa (la casa del personaje principal) siempre esta tu madre, para decirte cosas, para hablarte, para felicitarte (vamos, para dar la chapa basicamente), pero,¿y el padre? Yo tengo mis teorías:

  • La madre esta divorciada. Estupendo, pero vaya fijación tienen los desarrolladores del juego con ponerte siempre una madre divorciada no? Aqui huele a trauma infantil...

  • Tu padre nunca esta en casa. ¿Es mejor esto que lo anterior? No creo, porque no esta ni a las noches, ¿hola? No puede trabajar tanto...¿Hola? ¿Servicios Sociales?

  • No tienes padre. O la biologia esta muy avanzada en Johto (o como se llame el país de turno) y no ha hecho falta, o tu madre tuvo unos años locos cuando era joven.

  • Esta escondido en casa y no quiere verte. Puede ser que te lleves fatal con tus padre y el se esconda de tí porque no quiere ni verte. Hablando de traumas, tengo el número de un psicologo estupendo...
Así no me extraña que un niño de entre 11-16 años se vaya SOLO de casa, como unico objetivo masacrar pokemon, esclavizarlos para usarlos en peleas callejeras en las que gana pasta gansa, desarrollar una ludopatía en casinos, abusar descaradamente de la Seguridad Social de los Pokemon...

Así hemos salido

Buena Madre

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  • Traduccion:

    Niño: Mamá, ¿los animales también van a el cielo?
    Madre: Claro que si cariño
    Niño: Asi que, ¿el viejo sparky estará allí?
    Madre: ¡Para nada! El viejo Sparky era un gran cabrón
    Niño: Um...asi que, ¿no le voy a volver a ver nunca?
    Madre: Yo no he dicho eso

Mi madre es zurda

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Genial entrada de el blog Cuentos de la vida del Oso

Mi Madre es zurda. Supongo que siempre lo ha sido, pero yo no lo noté hasta que tenía como doce años. Todo comenzó un día mientras comíamos. Por alguna razón que no logro entender, mamá cogió el tenedor con su mano derecha y el cuchillo con la izquierda para cortar un pedazo de carne. Aquello me alarmó: ¡Mamá! ¿Qué haces? Al verse descubierta, mi madre se ruborizó e intercambió rápidamente los cubiertos de mano.

Ella, por fortuna y gracia de Dios, estudió en un colegio de monjas donde le enseñaron muy bien que la zurda es la siniestra, la mano del diablo, y que no debe usarse para ningún acto creativo como escribir, y mucho menos para comer, pero por desgracia sus tendencias antinaturales se le escapan y me hace pasar horribles vergüenzas.

Una vez, en un cumpleaños, fui a comer con la familia y un grupo de amigos en un restaurant. Al terminar de comer, pedimos café y ella inconscientemente agarró la taza con la izquierda. ¡Yo me quería morir! ¡Trágame, tierra! Algunos de los amigos que vieron el espectáculo hicieron comentarios por lo bajo entre ellos, procurando no ofenderme, y hubo uno que hasta me dio una palmadita de consuelo diciéndome en susurro: —No te preocupes por eso, Yván, hay mucha gente zurda y es algo natural.

En cuanto a las actividades cotidianas, muchas veces tengo que pedirle: ¡Mamá, no hagas eso con la mano izquierda en público! Pero ella se empeña en hacer cosas como dibujar, pintar y hasta cocinar con la mano izquierda. En una oportunidad llegué a la casa temprano y la encontré removiendo una olla con la zurda. Aquello me dio tanto asco que tuve que irme a comer fuera. Por supuesto que estas cosas no se las conté ni a mi padre ni a mis hermanos, no quiero hacerlos sufrir.

Le he pedido que acepte ir a un terapista funcional. Así como las personas que sufren graves lesiones cerebrales pueden aprender a hacer las mismas cosas entrenando de nuevo sus cerebros, ella podría aprender a hacer las cosas con la mano derecha y evitarnos a sus hijos y otros familiares tanta humillación.

Pero de todas estas cosas, la más humillante ha sido encontrarla por accidente en una tienda de objetos para zurdos. Salía de allí con un sacapuntas, un rayador para queso ¡y hasta un mouse para el ordenador!. Apenas la vi la cogí por el brazo y le dije con una rabia apenas contenida: ¡Que NADIE te vea con esas cosas en la calle. Si quieres ser zurda en la intimidad de tu cuarto, yo no puedo hacer nada para evitarlo, pero POR FAVOR, no nos humilles!

¡Nadie sabe cómo he llorado por la zurdera de mi madre! ¡Cuánta humillación, cuánta vergüenza he tenido que soportar! Saber que mis amigos cuchuchean a mis espaldas, e imaginarme que cualquier amiga o amigo de mi madre pueda ser otro zurdo más realmente me atormenta.

La sigo amando, claro está. Es mi madre y es la única que tengo, pero este asunto de la zurdera me puede. No sé cómo sobrellevarlo.